miércoles, abril 09, 2008

Sounds of a distant time

Canciones de verano, bandas sonoras de una época, temazos que se apropian los anuncios… hay muchas maneras de asociar la música a cosas, a momentos, a personas.

Me gustaría hacer un post sobre muchas cosas, pero sigue siendo patente esa ecuación tan simple que relaciona proporcionalmente el tiempo que llevas sin postear con el palo que da hacerlo y la dificultad que hay en encontrar algo relatable que sobresalga por encima de la montaña de cosas relatables que han ido pasando. Así que he estado un marido de ratita (o un ratito que vendría a ser lo mismo) mirando por encima de la mesa hasta que me ha venido una idea moderadamente entrañable a la cabeza.

La Líder era un portento de persona. No sabe leer bien los planos para llegar a una calle concreta, y tiene un poco de mal ojo al calcular la comida que será necesaria cuando te invita a cenar a su Mansión, pero por lo demás era una tipa bastante envidiable. Se sacó la carrera de Farmacia en MENOS tiempo del mínimo, no del mínimo que tarda el ciudadano medio, si no el mínimo que dice el plan de estudios, eso es en menos de 5 años, hito que hasta el momento no ha cumplido nadie mas que conozca en esa facultad, y justamente son unos cuantos. Era alta, guapa y con tipazo. Simpática y echada pa lante. Un poco de morro, pero tampoco nada descarado ni exagerado. Un poco prepotente, pero disculpable en alguien que ha conseguido superar, a golpe de codos, a un hermano mayor brillante al que siempre ponían de referencia en su casa.

La Líder era una tía diez, y supongo que por eso nunca me acabó de caer bien. De hecho, ya me costó que empezara a caerme. Estuvimos trabajando juntas un par de años, algo más tal vez, cada domingo del año, y más días a la semana en verano. Al principio quizás no era todavía amor-odio, porque ya se sabe que los novatos son fácilmente impresionables, y que muchas veces la admiración puede disimular las taras de la gente, pero al ir ganando yo conocimientos del lugar, empezaron los roces, no aquellos que nos hubieran servido para ganar el Girls in Wet T-Shirts Contest of Alabama, si no roces de los que te acaban amargando las tardes de domingo en que optas por sacar a la luz algun comentario que deja claro tu superioridad ante el adversario y es recibido igual que un jubilado que trae las recetas de tres meses para que se las prepares justo cuando te estas comando el café de media mañana: no puedes decirle que no, pero le miras como si se lo dijeras.

Pero tal y como el roce rápido y momentáneo hace estallar la chispa de la enemistad, el roce a largo plazo hace el cariño. Y ahí estaba yo, entre una cosa y otra, cuando dejó el curro. Fue rápido, porque la Líder tenía muchos asuntos, y si los de la beca (porque tenía una beca en el departamento de Bioquímica) sabían que trabajaba en una farmacia los fines de semana, se la retiraban. Coincidió curiosamente en una época de reivindicaciones por exceso de cobertura de vacaciones, pero seguro que no nos dejó porque estaba harta de trabajar las navidades, el día de reyes y el día de la hispanidad, ni tampoco porque el jefe ya no la tratara como a una Líder.

El caso es que cuando la Líder todavía andaba por Villa Pastilla todavía escuchábamos música en cedés. No siempre, pero al final de la tarde, cuando en las radios volvían a repetir los varios que habían echado por la mañana, era el momento Cedé. Teníamos unos cuantos que habían puesto los jefes: el de Kenny G que yo planeaba destruir, el de música celta que tenía una canción que me hacía llorar, los villancicos de OT, y Ella siempre escogía el mismo, y las tardes de domingo en Villa Pastilla sonaban a Tracy Chapman, y siempre acabábamos discutiendo si era un tío o una tía.

Ahora el cedé está en mi mesa. No es que me lo regalase porque le contara que ella suena a Tracy Chapman. Tampoco era suyo. Es que lo robé hace unos cuantos días, cuando supe que iba a dejar mi farmacia de siempre porque me han ofrecido un horario mejor en la de la esquina de mi casa. Y me lo llevé, en lugar de bajármelo o sacar una copia, porque ya nadie lo escucha, porque desde que se fue la Líder estaba acumulando polvo, y las tardes de domingo en la farmacia sonaban a cadena cien, o en el mejor de los casos a kiss fm, con los temazos de los ochenta que suenan a tantas cosas que ya no pueden ser banda sonora de una cosa en concreto. Y ahora, con Tracy en mi mesa me acuerdo de los domingos por la tarde en Villa Pastilla, discutiendo el sexo de una tipa con voz de ángel que se acaba de despertar. Y parecía que nunca habría nada más allá de esa rebotica.

jueves, septiembre 13, 2007

Farmacia de Guardia

Feliz año nuevo!!!

No volveré a argumentar lo de que el año empieza ahora, ni haré una lista de buenos propósitos. La tengo eh, pero paso de publicarla para que luego nadie me humille públicamente por no cumplirlos.

En su lugar, algo que escribí el otro día, que me voy a limpiar la bici a ver si la saco de nuevo del parking (mierda, al final he revelado un buen propósito).

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La semana pasada estuve de noches en la farmacia. Yonkis y bobos gentiles aparte (bobo gentil es una denominación que ha inventado José Daniel para los tipos garrulos que vienen a buscar las anticonceptivas de sus novias mientras éstas esperan en el coche con cara de mala leche; normalmente tienen problemas para decir correctamente el nombre de las pastillas y suelen ser bastante graciosos), tuvo lugar una buena anécdota.

Eran las cuatro de la madrugada, yo estaba ya casi terminando las tareas de rutina (ese día me costó lo suyo falsificar una receta porque era un bolígrafo muy grueso y no lo daba por encontrado) y de repente picaron al timbre. Al salir y asomarme por la ventanita vi al señor, pongámos un nombre, Manuel, y su señora Isabel. Son de esos clientes viejunos de quienes más te vale recordar el apellido para buscar la ficha, porque les ofende profundamente sentirse como extraños en Su farmacia. Hola que tal, blabla, venimos del hospital, ha estado esta tarde ingresada la Isabel, blabla, sabes que ha pasado niña? que ha salido con las vías puestas! jajaja!

Si, llevaba dos vías, una en cada brazo, clavaditas ahí y con sus esparadrapos de aguantar.

Jajaja, que despiste, a ver si nos ayudas, que el Manolo le da yuyu ayudarme, es muy hombre pa otras cosas pero para esto no, jaja. Pero como que habéis salido así? es que yo no puedo sacar esto, no soy enfermera, en mi carrera no enseñan de esto. Nada, si yo lo he visto hacer mil veces pero me faltan manos, entre las dos lo hacemos, niña.

Finalmente quedamos que se lo sacaba a título de prima o hermana, y no de farmacéutica (que tampoco soy todavía, pero la bata blanca da mucha credibilidad). Entró a la rebotica y prácticamente se las quitó ella. Es que son de bebé, mira que finitas que ni sangre sale. Era verdad. Una vez puestas las tiritas de rigor salimos a la calle.

Pero como habéis salido así? Es que veras, a la Isabel le entró un apretón mientras el médico le daba el alta, y el médico decía dónde esta la Isabel, y yo decía, en el excusado, jajaja, que cosas nos pasan, y con la tontería nos fuimos y no la vio la enfermera.

Y me lo creí. Debo de ser la única, porque todo el mundo al que se lo he contado me ha dicho que estos se fugaron y que soy cómplice, y pénsandolo mejor, es lo más posible que pasara.

viernes, julio 27, 2007

Tulipen uit Amsterdam coming soon

He vuelto.

Solo me fui tres dias en realidad, pero qué tres dias.

Amsterdam: pedalear, fumar, comer, pasear, dormir poco y echar fotos guiris.

Los protas: Sara, Marta y Out. Sara es mi amiga de la farmacia, colega de la uni y compañera de llantos y risas, y Marta es una amiga suya. De Sara se pueden contar maravillas solamente. De la otra, bueno, tarda mucho en arreglarse y en lugar de mano derecha tenía una guía de viaje. No diré más.

Los secundarios: Bobbie, Pizza Boy, el Strong Guy y el gay integrista musulman.

Bobbie estaba en nuestro albergue. Era de California y un frikazo de cojones. Pizza boy trabajaba en un italiano de nuestra calle y aparte de invitarnos a bastantes birras quería llevarse a Sara al huerto. Qué guai es viajar con la dueña de los ojos mas bonitos a este lado del Llobregat. El Strong Guy y el gay integrista eran los dueños de nuestro albergue. Aparte de partirse la caja con nosotras, dedicaban su tiempo a ordenar unos papeles de reserva que eternamente estaban liados, y decirnos "vale!" cada vez que pasabamos por delante de ellos. Les moló la palabra, aunque no terminaron de cogerle el sentido.

Y, bueno, esto es el avance:

Click aquí para ver el Video del museo Heineken

Ya contaré la visita entera, pero que quede claro que ese video se graba después de que te den una cervecita a primera hora del mediodia, con el estómago vacío y una sed de cojones. Lo digo por el nivel de deshinibición, que es incluso superior al normal en mi caso.

viernes, julio 20, 2007

Peligrillo con el Bordillo

Esta mañana después del post punki de crítica de cine ha transcurrido lo que podríamos decir una mañana harto bella. He ido a Igualada en mi (a medias) coche con NK, Xènia y su hermana Jana a ver a Chin y a Manel Juvé.

Aparte de un par de caladas al principio, cosa de los nervios de no haberles llevado nunca, y cosa de salir de un aparcamiento en bateria hacia el lado que no tocaba, el trayecto ha transcurrido sin ningún problema. Miento, nos hemos perdido al salir de l'Hospitalet, y en Igualada me he comido un paso de zebra elevado de esos que están de moda ahora para que la gente no corra, que más bien sirven para destrozar los bajos y el morro de los turismos, pero eso son pormenores.

Comida en un chino, un buffet libre que tenia más de la mitad de platos con denominación de origen occidental (patatas fritas, macarrones, ensalada de patata, ensaladas normales, croquetas, alitas de pollo...), pero con postre incluido, y muchas muchas risas. Ha sido bonito, los cinco juntos con Jana que ya viene siendo miembro honorífico de la pandilla. Habrá fotos, dentro de unos meses calculo, a la velocidad que van las cosas conmigo.

Después de todo esto hemos vuelto a Barcelona, a dejar a NK en el médico y contiuaba siendo un dia bello. He cometido el error de destacar lo bien que me había ido el coche y lo feliz que me hacía el comprobar que ya controlo en autopista, que sé qué marcha poner con las cuestas y las salidas y entradas y que ya no me da miedo adelantar o ir a más de 100 por hora.

Entonces ha empezado a ser un jodido infierno.

Los autobuseros de barcelona se destacan por su antipatía a la hora de (des)colaborar en el harmonioso ir y venir de los coches civiles. En otras palabras, que son unos hijos de la gran puta. He tenido un percance, y es complicado de contar. La cosa es que, parada en un semaforo, de repente me he dado cuenta que estaba en un carril que me obligaba a ir a la derecha cuando yo queria ir recto. Lo he visto pintado en el suelo porque las señales de delante me las tapaba el camión que tenia delante. Al lado tenia un autobus. He puesto el intermitente y cuando han arrancado he empezado a avanzar con intenciones de entrar en el carril conveniente. El autobusero de mierda ha dejado un espacio, pero al siguiente momento lo tenía encima y no he podido continuar metiéndome en el carril con lo que me he comido el bordillo por la derecha (no traten de visualizarlo, ni yo misma entiendo como podia estar todo tan mal parido, la moraleja es que yo lo estaba haciendo mal pero el otro era un completo y maldito hijo de un chacal). Hemos saltado un poco, susto, risitas nerviosas, susto.

Pero al rato el volante me vibraba más que el telefono de Rufus y se escuchaba un ruido alarmante de la parte anteriormente rebordillada. Doble fila, cuatro intermitentes.

- Xeni, mira a ver si se ha arrancado el parachoques o qué tenemos ahí pegado.
- No llores porfi, pero... has pinchado.
- No, no puede ser.
- Tia... mejor nos reímos, no?
- No puede estar pasando.

Descojone inconsciente.

He llamado a mi hermano porque me daba miedo comunicar el supernoticion que te cagas a mis padres, pero para que fuera todo a juego con la suerte de mi rueda, mi hermano estaba con mi padre. De todos modo no me ha reñido y me ha dado las instrucciones para empezar a cambiar la rueda, porque él tardaría en llegar. Ha intentado mandarme a los del Racc, pero solo ayudan a los titulares y no a las hijas o hermanas tontas que no pagan porque conducen poco.

Nos hemos armado de valor, y con nuestros chalecos y el triangulillo de emergencia hemos empezado a remover el maletero de en busca del gato y la llave para soltar la rueda de recambio de debajo del coche.

Hay que decir que aunque el coche es compartido con mi madre, lo lleva casi todo el tiempo ella. Esto hace que el maletero sea su despacho, su tocador y si te descuidas un bazar oriental. Hay crema hidratante, toallitas húmedas, pañuelitos, trapos, un bote para lapices, guantes de latex, guantes de ropa, un spray quitagrasas, libretas, bolis, cartelitos de "se vende piso", bombillas de recambio, un botiquin, compresas, los triangulitos y los chalecos mencionados, bolsas vacías, cajitas gastadas de puritos que le da mi abuelo, unas cosas azules envueltas en plástico que no sé si son guantes de lavar los platos, un gorro de lana, un juego de destornilladores pequeñitos, un destornillador mediano, un rollo de papel industrial, un rollo de bolsas de la basura, tres guías de calles de Sabadell, y alguna mierda más que me olvido. Pero la llave para sacar la rueda, la jodida y maldita llave no es que me la olvide. ES QUE NO ESTABA!

Ha sido como de sitcom. Revisando y revisando toda esa mierda en busca de la llave, y que no salía.

Al final cuando ya me iba a echar a llorar han aparecido mi padre y mi hermano Docer, los salvadores de la situación. Depués de buscarla ellos, y de comprobar que la de su coche no funcionaba con las tuercas del mío, mi padre ha ido a buscar un taller dónde le han prestado la llave y Docer, como un caballero andante ha cambiado la rueda.

Pero todo esto no lo iba a contar yo hoy. El post era para colgar esta dire:

http://recursos.cnice.mec.es/bancoimagenes/sonidos/index.php

Y es que a estas alturas la interné me sigue maravillando. Como puede haber semejante pajerez en una web oficial del ministerio, con sonidos tan chorras como una niña gritando "que miedo!". Sonido que por otro lado he puesto en el windows para cada vez que me sale una ventanita de alerta de esas de "chuuuum!" que tanto inquietan por su dramatismo.

Y me voy al catre sin revisar las faltas que estoy molida.

jueves, julio 19, 2007

Ahora voy de que soy critica de cine

La nueva peli de Harry Potter no me ha gustado y Transformers va camino de ser mi peli favorita del verano.

Porque?

Pues no lo sé exactamente. Trataba de argumentarlo, pero sigo como en la entrada anterior.

A ver.

Potter aburre y en Transformers me lo pasé.. lo que se suele decir, pasarselo teta.

Supongo que tiene que ver con las intenciones que me transmitía. Ambas estan bien hechas. Ya hemos llegado a un punto en que los efectos especiales de las pelis taquilleras estan todos bien, o al menos casi todos, así que por ahí no hay mucho que coger. Otra cosa es el uso que se les da, y si bien Potter es más bonita así vista de lejos, Transformers te deja mucho más con el culo hecho pepsicola.

Pero la intención que veo yo es... en Potter, aparte de seguir con el misticismo de la saga, expresar (muy mal) las inquietudes de los adolescentes, pretenden dejar a la gente pasmadita. Que digan, uaala, qué pasada de peli cómo se lo curran. Transformers, ante todo, creo que quiere que la gente salga divertida y entretenida sin más y diga algo más bien como "Guuay!!".

Ambas tienen absurdeces, incoherencias y cosas imposibles. Porque son pelis de ficción!!! Claro, ya... pero no sé. En Potter y su curioso afán de darle un aire más serio, más maduro al asunto, resultan tontunas y casi ofensivas. En Transformers ni se te ocurre cuestionar cómo un robot con capacidad de encoger su propia materia para convertirla en un coche de volumen cuatro veces inferior a él, o que en dos minutos se hace un tuneao para quedar guapo, no puede arreglarse el circuito de voz. No puede y punto, estás demasiado ocupado riéndote de los chistes pajeros y diciendo uale-uala con las escenas de choques y tiros.

Enfin. Potter me aburrió, no da casi risa, las bromitas que hay son cursis, Hagrid sale poquito y el muy gañán ni siquiera le mete mano a la chinita. De hecho, paso hasta de decir las cosas buenas que tiene. Que le haga propaganda algún fan de esos incondicionales.

Yo me voy a Igualada, titu, que tengo que encontrar la autopista primero.

miércoles, julio 18, 2007

Un poco de escrtura automática de mentira...

Tengo ganas de escribir.

Los dedos me bailan por el teclado. No muy grácilmente, nunca he hecho mecanografía, pero tampoco muy torpemente, ya son muchos los años de vicio delante del ordenador.

Escribo parrafos y los borro. Pienso en cosas qué contar, las cuento mal, las borro, las cuento bien, las borro también.

Escribo otras cosas que no se cuentan, porque no son cosas que pasan si no que son, y las borro todavía más rápido.

Me entra el sueño, escribo más y borro más.

No quiero parecer cursi, no quiero parecer dramática, ni quejica ni absurda. Me da pánico de nuevo publicar un post y ser juzgada. Es otra de esas épocas, supongo. Me importa lo que piensen de cómo escribo y de qué escribo. Y también el porqué, por que siempre hay uno, se sea consciente o no.

No sé qué poner, qué decir, ni cómo decirlo. Ni siquiera sé si tengo algo qué decir. No porque no tenga nada qué decir, pero no sé si merece ser dicho aquí, delante de todos.

Qué estupidez que alguien tan exibicionista (esto lleva una hache por en medio?) tenga pánico escénico.

Me voy a la cama a morirme de vergüenza, pero tengo que publicar algo sea lo que sea para rearrancar esto, para recalentar los motores.

Perdón por abandonar una vez más el tinglado. Gracias por estar atentos una vez más.

lunes, abril 30, 2007

Emo

Emo
Emo,
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Esta foto es un auto homenaje. Si, han leído bien. En estos días en que el bloggismo parece haber llegado a una fase estacionaria, superado el boom inicial de los que se apuntan a un bombardeo, superado el boom posterior de los que decían que nunca tendrían un blog y al final sí, habituados a toda la espiral de autocomplacencia y bombismo que conlleva el tener un libro de comments, todavía se puede parecer más pedante que un/a bloggero/a cualquiera. Recuerden que tienen uds a una veterana al teclado.

Pero no solo homenajeo a la Out de hace algunos años, si no a todos los desdichados que alguna vez han pensado que eran especiales por sacarse fotos con cara de pena en un rincón de su alcoba. A todas esas góticas, a todos esos emos. A todo el mundo a quién el malditismo le ha hecho posible levantarse cada día. A todos los que gracias a una pose gastada y nada original han encontrado su lugar en el mundo.

Me he burlado no pocas veces de la gente que no querían ser del montón. Sobretodo porque todos ellos pertenecen al montón de gente que no quiere ser del montón. Y sobretodo porque yo también soy así a menudo y siempre me burlo de mis defectos para que parezca que no son tan graves. Pero casi todos necesitamos de vez en cuando pensar que somos distintos. El “abordaje” de este tema es quizás lo que más me gustó de A.I. No quiero entrar en la eterna polémica de si lo del final son robots o extraterrestres, porque todavía no la he vuelto a ver y a fin de cuentas me trae sin cuidado lo que sean: el final está de más. La peli tenía que terminarse cuando encuentran el hada azul, porque hasta ahí es un cuento jodidamente bello. Además, se pierde interés cuando Gigoló Joe deja de aparecer.

Me voy por las ramas. Decía que uno de los puntos de apoyo de A.I. es la obsesión del pequeño robot en aclarar que él es único, que es único y que es único. No es precisamente agradable el chasco que se lleva cuando descubre que a sus colegas los hacen como churros. La gente quiere sentirse única, especial. No es nada que vaya atado al egoísmo, a la soberbia o a la egolatría. Es una manera de afrontar la vida en un mundo tan enorme y vasto que si nos paramos a plantear sus límites nos quedamos por el camino. En los Increíbles la madre le dice al hijo que todos somos especiales, y él responde que eso es una manera bonita de decir que nadie lo es.

Somos todos pequeños y absurdos, como las motas de polvo que danzan con los rayos de sol que se cuelan por la persiana las mañanas de agosto. Y ahora que lo entiendo es cuando realmente me siento especial, porque hasta las motas de polvo son distintas entre sí. Si miramos con una lupa lo suficientemente grande. :)

10 Rupias

10 Rupias
10 Rupias,
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Mi turno en la farmacia se termina, habitualmente, a las once de la noche. El de los demás es a las diez. No es que curre una hora de más, si no que entro mas tarde, en lugar de las nueve de la mañana, a las diez. Mi jefe lo llama el horario corrido. Y yo me siento orgullosísima de cómo he llevado esta introducción colando lo salvaje de mi horario laboral con elegancia y sin atisbos de autocompasión. De hecho no la siento, como dice el colega Manel Jové, curramos porque queremos. Pero me canso lo mío, y me gusta que me acaricien el hocico cómo a todos.

La primera vez que el jefe me comunicó que yo haría el Horario Corrido le miré mal. No por mal pensar, si no porque no había pensado en las ventajas del asunto y lo consideré una jodienda. Pero él no pudo evitar arrimarse y decirme, “Ai la chica, que siempre está con la coñita sexual”. Es asqueroso. En fin. El horario corrido hace que mi turno se solape una hora con el compañero que se queda por la noche, generalmente J.D., y cuando me piro le dejo ya en su salsa, con la persianita bajada para que no le entren moscas ni cacos, que por la ventanita se despacha muy bien.

Siempre bajamos la persiana un pelín antes de mi hora de salida, en algún momento que no haya clientes, para que mi compi vaya despachando desde la ventanita mientras yo recojo y me pueda ir dejándole con la persiana bajada y sin haber tenido que echar nadie a la calle, que siempre queda mal.

Hoy cuando yo ya me acercaba a la puerta él estaba terminando de atender a un chico que podríamos denominar, sin ánimo de ser políticamente incorrecta “de fuera”. Es el único dato que mi mente ha llegado a pillar en los escasos segundos que le he visto, por el agujero de la persiana, antes que se pirase y J.D. le diera al botón de subir la persiana para que yo pudiera salir. Y ahí revoloteando he visto un billete. Un billete que no era de euros. Era “de fuera”. Corriendo lo he cogido y he ido tras el cliente. “Eeeeh! ¿Esto es tuyo? ¿Se te ha caído?”. El chico se ha girado, “¿El qué?”. “Este billete de.. –he mirado bien por primera vez lo que tenía en las manos- de Pakistán.” “Yo no soy pakistaní, yo soy solo venezolano”, me ha respondido, con el acento de Venezuela mas marcado del mundo, mientras yo mutaba a tomate y J.D. empezaba a partirse la caja detrás de la persiana…